Foto Violeta

Mi nombre es VIOLETA PÉREZ MATUS.

En el 2007, cuando fui a una consulta con el Dr. Abel Castro, tenía 46 años. Soy ama de casa, y madre de cuatro hijas; me dedico a vender diferentes artículos. Desde hacía unos 7 años padecía de migraña, y no le veía ninguna causa. Empezaba por sentir un dolorcito chiquito pero molesto, desde que me despertaba, y luego iba aumentando. La claridad, el sol, el ruido, la gente, todo me molestaba. A veces me daba de repente, era muy fuerte, y no soportaba que me hablaran y no me podía ni mover. Podía estar limpiando la cocina después de comer, y me venía otra vez, me duraba 3 ó 4 horas. Entonces me recostaba, no me daban ganas de hacer nada, la luz me molestaba. A veces empezaba desde tempranito hasta por la tarde.
Cuando fui a ver al Dr. Abel el dolor me daba casi todos los días, antes una o dos veces a la semana. Las dos últimas semanas habían sido terribles, a duras penas podía llevar a mi hija más chiquita a la escuela y me pasaba casi todo el día acostada con dolor y todo me molestaba. Me había hecho análisis y todo estaba bien. El médico, a quien le tengo mucha confianza, me había dado medicinas para la cabeza y la gastritis.
La primera vez el doctor Abel me dio muchas explicaciones sobre el dolor, me recordó que el dolor de un infarto, aunque es en el corazón, se siente en el hombro o en el brazo, que a veces un diente enfermo puede doler en la otra mandíbula, y otras cosas así. También me dio un masaje que me alivió.
En la segunda sesión el Dr. Abel se puso a hablar sobre las nubes y yo me sentía en una clase de meteorología, cómo eran los tipos de nubes, cómo se movían y lo que hacían. Recordó la canción “Nube viajera”. Y habló de los cúmulos, que son las más compactas y oscuras, pero también las que producen la lluvia y refrescan todo. Hubo un momento que mezclaba las nubes y sus movimientos con los dolores, y cuando me decía “ahí arriba” yo no sabía si se refería al cielo o a mi cabeza, o a las dos cosas. Estuvo hablando un buen rato. En ese momento yo no tenía dolor, y me asombró mucho cuando me dijo que yo era capaz de producírmelo. ¿Quién va a querer producirse un dolor? El doctor me explicó que si lo lograba hacer entonces lo podría controlar, y que él me iba a ayudar. No sé cuánto tiempo pasó, pero empecé a sentir el dolor, que luego se convirtió en una pequeña nube y en una bolita que yo lograba mover por mi cabeza. Finalmente me hizo que lo bajara hasta mi boca y lo soplara hacia fuera, y desapareció. Aunque fui a una tercera consulta, desde ese momento no me volvió a dar dolor de migraña por más de dos años. Tuve dos recaídas, en ambos casos por tensiones que se me generaron: una vez cuando remodelaron mi casa, y otra, en que padecí de dolor tres veces en unos diez meses cuando mi mamá padeció de una enfermedad y estuvo hospitalizada. El último lo tuve hace alrededor de un año, desde entonces no he vuelto a tener dolor de cabeza ni veo ninguna razón para volver a tenerlo.

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